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Aleje de su vida la tristeza. Retire de su corazón la melancolía que destruye
sus ideales y corrompe su razón de vivir.
Sea cual fuere el motivo de la tristeza, sepa lidiar la situación usando su
fuerza de voluntad y energía.
Mire a su hermano menos afortunado, que teniendo motivos suficientes para
entristecerse, todavía logra sonreírle a la vida.
Usted es fuerte y valiente. Vamos, sonría, pues la vida continúa y usted merece
la felicidad.
Sea consciente de las tareas que tiene que cumplir. Dedíquese a ellas con amor.
Trabaje y sienta la presencia de Dios, que le da la fuerza que necesita.
La tristeza no puede y no debe formar parte de su vida. |
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